miércoles, 6 de julio de 2011

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ESTAÇÃO SÃO BENTO, LIMPA

165/365

Las tres mosqueteras
Açorda de mariscos
Margarida

164/365

Fiummmm, fiummmm, Fiumiccino


163/365

Días en Roma, tarde de sol, última tarde


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Días en Roma, noches en Roma

Hay una presencia que se asoma, que se arroja sobre el visitante. No caminamos por Roma en busca de una atracción. La atracción saltó sobre nosotros; por detrás de un edificio cualquiera se asomó, antigua, iluminada, mitad misma. Y quizás sea esa la cualidad extraordinaria, desordenada, misteriosa, mavarillosa (de "awe", como en awesome) y pavorosa (de "awe", como en awful), la que describe a Roma. Piedra libre.

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Días en Roma, Vaticano

Ya me acuerdo poco del orden de los acontecimientos. Por ahí es el cambio horario, el proyecto atrasado, los 20 días que me separan del verdadero itinerario. O quizás haya sido un paréntesis el cambiar de ciudad en cuestión de minutos. El itinerario narrado dice que yo sé que tomamos un colectivo en la avenida, cerca del hotel, después de comer (y pedir) (en italiano) el desayuno más rico y barato de Roma (un cornetto al cioccolato e un capuccino) (x2), y después de comprar 4 tickets en el quiosco de revistas, al rato, estábamos afuera, y adentro, luego, de las murallas del Vaticano. 

Cambio.
Media mañana.
Medio día.

Un poco con esa liviandad que nos llevó por Roma, sin mapas, sin apuros, casi sin colas, o con colas que no sabíamos adónde llevaban, visitamos las atracciones de la Santa Sede, la Basílica de San Pedro (sin cúpula, pero con citas maradonianas), los museos vaticanos (de pe a pa, dos veces Capilla Sixtina, paseo obligado por las estancias de Rafael, comimos ensalada y tomamos café y retornamos a Roma.  

Pero antes, entre la entrada de los Museos y de camino a la Capilla, apareció el césped tentador que, por prohibido nomás, no nos amparó en la siesta pública.


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Días en Roma

Roma es una de esas ciudades que no se pueden visitar en cuatro días, dos aviones mediante, aunque sin dudas es una buena perla con que cerrar un giro ovalado por Italia. Su orden puede parecer arbitrario, acá, al final, como broche de oro a la aglomeración de cansancio y masa, después del trajín de un viaje largo y variado. Pero para todo hay una razón, aunque sea ésa y no otra, la de la arbitrariedad de dos aeropuertos, de dos aviones. Y Roma coronó Italia. 

Con el cuerpo cansado y el estómago merendado de pizza, el día 1 empezó en Fumicino, pasó por Termini, guardó las valijas en el hotel y así, desfasado, se lanzó a recorrer  el centro, o lo que se puede llamar el centro, de la bella y mixturada Roma.